El momento que vive la humanidad es particularmente
dramático y no es precisamente para partirse de risa
como quieren hacernos creer los líderes de este globo
entristecido por el hambre, aterrorizado por la violencia
y aturdido por la desesperanza.
Inmensas capas de la población se deslizan precipitadas
en el tobogán de la miseria mientras una minoría
se encierra en el egoísmo de su corazón de granito.
Y los gobiernos se mueven entre la corrupción y el
afán de conquistar a otros por medio del misil o del
dólar.
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