La guerra de Irak que desencadenó
una espiral de aumento en los precios internacionales del
petróleo ha hecho que el humilde vendedor de la esquina
que grita entre pobres su propia miseria queriendo conquistar
con la fuerza de sus pulmones el pan diario sea la víctima
propicia de aquella guerra de la que no entiende nada más
que lo que alcanza a leer en los diarios: Que el petróleo
sube y el hombre baja; que el petróleo sube y que el
hambre también; que el petróleo sube y el agua
desaparece.
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